Todavía agradezco el momento en el que me topé con la Disciplina Positiva, desde entonces me he vuelto fiel defensora de esta forma de educar. Afrontar los retos diarios y situaciones críticas del día a día que como madres y padres se nos presentan y que nadie nos prepara para afrontar, con otra perspectiva me ha cambiado a mí como persona y a nosotros como familia.

Por eso comparto con vosotros las razones de porqué considero que todas las personas que tenemos hijos o tratamos con niños, deberíamos al menos conocer qué es la Disciplina Positiva y cómo aplicarla.

  • Te cambia radicalmente la manera de afrontar los retos diarios.
  • Te dota de una capacidad impresionante de conectar tus hijos.
  • Cuando existe esta conexión, es casi mágico cómo consigues resolver hasta el conflicto más complicado
  • Descubres que las rabietas pueden durar menos e incluso anticipartea ellas.
  • Te ayuda a tener más pacienciay a mantener la calma en momentos de tensión.
  • Por lo tanto, se consigue que haya menos gritosy bastante más paz en casa.
  • Evitamos el uso de los premios y los castigos y ¡funciona! E incluso me atrevería a decir, mucho mejor que antes.
  • Entre todos, establecemos límites reales y se cumplen.

Y es que, los límites son necesarios, para ellos y para nosotros. Pero la diferencia que marca la disciplina positiva, es la manera en cómo aplicamos estos límites.

En Disciplina Positiva, los límites no se aplican por imposición (porque sí, porque lo digo yo, porque soy tu madre…), sino que se aplican a través del diálogo, la empatía, la escucha, la confianza, etc. Además se negocia con el niño el límite, porque estarán más dispuestos a respetar los límites que ellos mismos han ayudado a establecer, ya que comprenden que son necesarios y cómo ser responsable de ellos.

Seguro que alguno de vosotr@s os habréis reído con esta opción, a mí me pasaba igual. “Venga Montse, ¿tú de verdad te crees que mi hijo con 2 años -y rabieta diaria por cualquier tontería- va a querer dialogar conmigo? jajaja…”.

Y os doy la razón pero también os voy a decir una cosa, a mí la aplicación de la disciplina positiva me está cambiando enormemente y me está sorprendiendo en cuanto a resultados se refiere. Os pongo algunos ejemplos:

La hija de mi vecina (ni mi hija ni yo hacemos estas cosas 😉) no quiere recoger sus juguetes para ir a cenar. Lo normal en mi vecina, es amenazar con tirarlos a la basura, acompañado de un “cuento hasta tres” y si no funciona, pasar al ataque con los gritos y los castigos.

En mi caso, que aplico la Disciplina Positiva (cuando puedo, porque yo no soy experta de nada), donde antes amenazaba, ahora digo “Entiendo que quieras seguir jugando pero me gustaría contarte tu cuento favorito antes de dormir ¿cómo lo podemos hacer para que nos dé tiempo?, ¿te ayudo a recoger los juguetes y así podemos cenar cuanto antes y leer el libro juntas?”.

Cuando la disciplina positiva se aplica de una forma sistemática, las malas conductas van perdiendo intensidad y los períodos de calma son más prolongados

Jane Nelsen.

Otra de las situaciones en las que siempre me solía ver cuando alguno de mis hijos empezaba a llorar, era en decirle “No llores” o “Cuando se te pase hablamos”. Ahora, sin embargo, le pregunto que cómo se siente, escucho atentamente, le digo que la entiendo, que yo también me enfado a veces o me pongo triste, que son sentimientos normales, que no se preocupe, que llore si lo necesita pero que estoy ahí, a su lado.

Imaginaos que nosotros tenemos un conflicto en el trabajo y llegas a casa y te responde tu pareja “No llores” o “Cuando se te pase hablamos”. Es evidente, ¿no? ¿Cómo te sentirías? Necesitamos hablar, desahogarnos, sentir que nos comprenden, que nos escuchan… ¡pues los niños también!

No esperéis un milagro tampoco, que esto no es Lourdes. Mis hijos siguen teniendo rabietas, seguimos teniendo conflictos… Pero lo que ha cambiado es nuestra manera de afrontarlos. Ahora conseguimos abordarlos mucho más tranquilamente, más conectados. Dialogamos más, nos anticipamos y prevenimos, acompañamos y nos damos cuenta, que es impresionante la colaboración de nuestros hijos, cuando ellos se sienten escuchados, se sienten entendidos.

Esto va súper unido al tema de la autoestima. Tener una buena autoestima, es absolutamente crucial en nuestras vidas para avanzar, para cambiar, para ser felices y conseguir los objetivos que nos marcamos en la vida. De ahí la importancia del autocuidado (hablo de ello en otra entrada del blog).

La Disciplina Positiva, da muchísimo valor a la Autoestima, una de sus frases bandera es  “Los niños se portan mejor, cuando se sienten mejor” y esto es cierto. A los adultos nos brinda herramientas ante los conflictos que nos proporcionan seguridad a la hora de educar y esta seguridad, nos lleva a ofrecer a nuestros hijos unos modelos a seguir reforzando tanto su autoestima como la nuestra.

El hecho de que la Disciplina Positiva vea los errores como oportunidades de aprendizaje, elimina un componente de culpa y responsabilidad de nuestras cabezas que favorece tener una buena autoestima.

Espero que os animéis a profundizar en el tema y, sobre todo, que luego me contéis qué os parece, si habéis notado la diferencia y si os ha gustado. ¡Ojalá os venga tan bien como a nosotros!